Tarde primaveral en el municipal de Montuïri, sí, pero lo que debía ser una jornada más de fútbol en Regional Preferente acabó convertido en un encuentro cargado de polémica, frustración y muchas preguntas sin respuesta. El marcador final, 3-1 a favor de los locales, podría hacer pensar en un dominio claro… pero lo cierto es que la historia del partido dista mucho de ser tan simple.
La Unión llegaba con ambición y, durante buena parte del encuentro, demostró que tenía argumentos más que suficientes para competir —e incluso ganar— en un campo complicado. De hecho, los visitantes dispusieron de varias ocasiones clarísimas en la primera mitad, incluyendo varios mano a mano con el guardameta rival que no supieron concretar. La falta de acierto, esa “pólvora mojada”, acabaría siendo determinante.
Pero si hay algo que marcó el partido —y que sigue generando indignación— fue la actuación arbitral. Hasta tres posibles penaltis a favor de La Unión quedaron sin señalar. Tres acciones que, como mínimo, levantan dudas. Y aunque en el fútbol todo es interpretable, lo que más molestó a jugadores y cuerpo técnico fue la sensación de que todas las decisiones polémicas caían del mismo lado. ¿Casualidad? ¿Un mal día? ¿O algo más? Las imágenes del partido, disponibles en EIVO, no han hecho más que alimentar el debate.
Con el 0-0 al descanso, todo estaba abierto. Pero tras la reanudación llegó el golpe más duro para los visitantes: un desafortunado despeje de Dani Ribera acabó en propia puerta, adelantando al Montuïri. Un mazazo psicológico del que La Unión no logró recuperarse a tiempo.
Apenas unos minutos después, Antoni Mayol culminó una gran jugada colectiva para poner el 2-0, y poco más tarde, Miquel Bauzà firmaba el tercero en otra acción bien trenzada. En cuestión de minutos, el partido pasó de estar igualado a parecer sentenciado.
Sin embargo, La Unión no bajó los brazos. En una muestra de orgullo, Aitor Guevara aprovechó un balón largo para adelantarse al portero y, de cabeza, recortar distancias. Un gol que devolvía algo de esperanza, pero el tiempo ya jugaba en su contra.
El 3-1 final deja un sabor amargo para los visitantes, que no solo lamentan la derrota, sino también la sensación de haber sido perjudicados en momentos clave. Más allá del resultado, el encuentro abre un debate incómodo pero necesario sobre el nivel arbitral y su impacto en una categoría donde los jugadores se juegan mucho más que tres puntos.
Porque cuando el fútbol deja más polémica que juego… algo falla.





