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Empate de carácter entre dos clásicos de Tercera: constancia y equilibrio hasta el final

CONSTANCIA – MALLORCA  (1-1)

El enfrentamiento entre dos históricos de la Tercera División respondió al guion imprevisible que tantas veces define al fútbol. Aunque la escasa distancia en la clasificación invitaba a pensar en un choque de trámite, el partido demostró que la tradición competitiva y el orgullo pesan más que cualquier cálculo previo. El empate 1-1 final fue reflejo fiel de la igualdad vivida sobre el césped.

El conjunto visitante, el Mallorca, saltó al terreno de juego con la intención de proteger su posición en la tabla. Su planteamiento fue claro: control, posesiones largas y vigilancia constante en su propia área para evitar concesiones. Sin embargo, el rival no se dejó intimidar. Con orden y firmeza, los locales supieron contener los intentos bermellones y mantener el pulso en el centro del campo.

La primera mitad transcurrió con equilibrio y alternativas, aunque fue Miguel Calatayud quien logró abrir el marcador en el minuto 25, adelantando a los suyos y encendiendo el ritmo del encuentro. El tanto no alteró el desarrollo general, que siguió marcado por la intensidad y el respeto táctico entre ambos bloques. Antes del descanso, el marcador ya reflejaba el 1-1 que acabaría siendo definitivo.

Tras la reanudación, el Constancia dio un paso adelante. Con mayor ambición ofensiva y perseverancia, buscó inclinar el partido a su favor. El premio llegó en el minuto 77, cuando Mateo Ferrer igualó el choque, haciendo justicia al esfuerzo colectivo.

El reparto de puntos dejó sensaciones equilibradas: ni vencedores ni vencidos, solo la confirmación de que, incluso en los duelos aparentemente rutinarios, el fútbol siempre guarda espacio para la competitividad y el orgullo.

 

 

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