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El Sant Jordi A impone su ley ante el Mercat de Santa Catalina con una goleada incontestable

La tarde fría del sábado 21 de febrero de 2026 no invitaba a grandes gestas ni a llenos en las gradas, y el contexto clasificatorio tampoco auguraba un choque de alta tensión. Sin embargo, el Sant Jordi A se encargó de dotar de contenido competitivo al duelo frente al Mercat de Santa Catalina S.C.AT, resolviendo el encuentro con una autoridad incuestionable (7-0) en la Juvenil Primera Regional Mallorca (Grupo B).

Desde el pitido inicial quedó patente la diferencia física y técnica entre ambos conjuntos. El Sant Jordi asumió el control del centro del campo con personalidad, imponiendo un ritmo alto y una presión constante que fue encerrando progresivamente a su rival en campo propio. La amplitud por bandas fue uno de los grandes argumentos del conjunto local: laterales profundos, centros laterales continuos y una segunda línea muy activa que obligó a la defensa visitante a un esfuerzo permanente.

El primer tanto, obra de Lluís Marquès Lladó en el minuto 8, abrió un escenario todavía más favorable para los locales. José Antonio Martínez Reyes amplió distancias en el 22’, y en apenas ocho minutos el partido quedó prácticamente sentenciado con los goles de Miguel Frau Bie (28’) y Lluís Machuca Salom (30’). El 4-0 al descanso reflejaba con fidelidad lo visto sobre el terreno de juego: dominio territorial, eficacia en el área y escasa oposición ofensiva del Santa Catalina, cuyos contragolpes resultaron demasiado tímidos para inquietar a la zaga local.

La segunda mitad fue una prolongación del guion inicial. El Sant Jordi no bajó la intensidad y mantuvo su estructura táctica, combinando con criterio y explotando los espacios con madurez impropia de la categoría. Rodrigo Fuertes Roque firmó un doblete casi consecutivo (61’ y 63’), evidenciando la fragilidad defensiva visitante ante cada transición. Antoni Barceló Salvà cerró la cuenta en el minuto 77, culminando una actuación coral que no dejó lugar a dudas.

Más allá del marcador, el encuentro dejó la sensación de un equipo trabajado, con automatismos bien definidos y una propuesta ofensiva clara. La defensa y el guardameta local apenas tuvieron intervenciones reseñables, lo que habla también del equilibrio colectivo.

Sin grandes expectativas previas, el Sant Jordi convirtió el choque en una demostración de superioridad y eficacia. Una victoria que refuerza su dinámica y que subraya la distancia competitiva mostrada sobre el césped en una tarde que terminó siendo mucho más significativa de lo que se presumía.

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