La Superliga Masculina entra en su punto de máxima tensión. Lo que comenzó como una batalla táctica y emocional ya es una carrera contrarreloj hacia la final. Este fin de semana no es uno más: es el escenario donde se decide quién sigue soñando y quién despierta de golpe. Con las primeras semifinales ya disputadas, CV Guaguas y CV Melilla han tomado ventaja… pero nada está cerrado. Y lo saben.
El foco apunta directamente al Gran Canaria Arena. CV Guaguas regresa a casa con la confianza intacta tras golpear primero en territorio rival. El objetivo es tan ambicioso como claro: alcanzar su cuarta final consecutiva y seguir construyendo una dinastía. La sensación que dejó el equipo grancanario en el primer duelo fue la de un bloque sólido, profundo y con recursos de sobra para resolver en los momentos clave. Bruno, Ramos y Bezerra marcaron el ritmo con una pegada que desarmó a Conectabalear CV Manacor.
Ahora, con el apoyo de su público, tienen dos oportunidades para cerrar la eliminatoria. Y ahí está la clave: cuanto antes lo consigan, más descanso acumularán para la final. Pero cuidado, porque Manacor llega herido… y eso lo convierte en un rival peligroso. El equipo balear no pudo repetir la gesta de la Copa del Rey, pero no ha dicho su última palabra. Fausto Díaz y Carlos Nieves, guiados por la distribución de Rubén Lorente, representan la resistencia de un equipo que sueña con su primera final liguera. Si logran alargar la serie, la presión cambiará de lado.
Mientras tanto, en Soria se vive una historia completamente distinta. Grupo Herce Soria está contra las cuerdas tras caer en el primer duelo ante CV Melilla, pero regresa a su fortaleza: Los Pajaritos. Y ahí, el mensaje es claro: aquí manda Soria. Durante toda la temporada, solo un equipo ha sido capaz de ganar en ese pabellón. Ese dato no es casualidad, es una advertencia.
El primer partido entre sorianos y melillenses fue un espectáculo total: cinco sets, alternancias constantes y jugadores que aparecieron cuando el equipo más lo necesitaba. Malaber y Nath lideraron a Melilla con determinación, mientras Moreno y Lindberg mantuvieron viva la esperanza soriana. Fue un pulso de poder a poder… y lo que viene promete ser aún más intenso.
Soria necesita ganar. No hay margen de error. Pero juega en casa, con su gente, y con una identidad que se crece en los momentos límite. Si logra empatar la serie, el tercer partido sería una auténtica final anticipada. Por su parte, Melilla llega con la oportunidad de oro de cerrar la eliminatoria lejos de su pista y regresar a una final cuatro años después. La motivación es total.
Dos escenarios, cuatro equipos, un mismo destino: la final. Este fin de semana no se juega solo al voleibol, se juega con la historia, con la presión y con el carácter. Porque aquí ya no gana el que mejor juega… gana el que mejor resiste.
Y tú, ¿vas a perderte el desenlace?




